Soy caídas físicas y morales.
Todos los días tengo la desdicha
de lamentarme por estar vivo.
…
Hoy por la mañana me caí.
Resbalé estrepitosamente
y del golpe me raspé las rodillas.
Pero hace quince días, acaso más,
también me caí.
Incluso hoy por la mañana
antes de emprender mi
acostumbrada caminata
me propuse fijarme por donde pisara.
Y en un instante todo alrededor se desplomó.
Dios, cuánto me asusté.
Pero soy yo.
No es la banqueta ni es el alcohol.
No son los zapatos o la mezcla de vodka y mezcal.
Soy yo que me estoy acabando.
Son dos modos de venirse abajo:
de una forma despiadada y de una forma sutil.
E. Ruvalcaba